miércoles, 20 de marzo de 2024

ANEXO CLASE N°2 - ROLAND BARTHES - CULTURA PARA PRINCIPIANTES + MITOLOGIAS

 



ANEXO CLASE N°1 - ROLAND BARTHES - LA COCINA DEL SENTIDO

 

LA COCINA DEL SENTIDO, por Roland Barthes

 


Un vestido, un automóvil, un plato cocinado, un gesto, una película, una música, una imagen publicitaria, un titular de diario, de ahí objetos en apariencia totalmente heteróclitos.

¿Qué pueden tener en común? Por lo menos esto: son todos signos. Cuando voy por la calle –o por la vida- y encuentro estos objetos, les aplico a todos, sin darme cuenta, una misma actividad, que es la de cierta lectura: el hombre moderno, el hombre de las ciudades, pasa su tiempo leyendo. Lee, ante todo y sobre todo, imágenes, gestos, comportamientos: este automóvil me comunica el status social de su propietario, esta indumentaria me dice con exactitud la dosis de conformismo, o de excentricidad, de su portador, este aperitivo (whisky o vino blanco) el estilo de vida de mi anfitrión. Aun cuando se trata de un texto escrito, siempre nos es dado leer un segundo mensaje entre las líneas del primero: si leo en grandes titulares “Pablo VI tiene miedo”, esto quiere decir también: “Si usted lee lo que sigue, sabrá por qué”.

Todas estas “lecturas” son muy importantes en nuestra vida, implican demasiados valores sociales, morales, ideológicos, para que una reflexión sistemática pueda dejar de intentar tomarlos en consideración: esta reflexión es la que, por el momento al menos, llamamos semiología ¿Ciencia de los mensajes sociales? ¿De los mensajes culturales? ¿De las informaciones de segundo grado? ¿Captación de todo lo que es “teatro” en el mundo, desde la pompa eclesiástica hasta el corte de pelo de los Beatles? Poco importa por el momento la diversidad o fluctuación de las definiciones. Lo que importa es poder someter a un principio de clasificación una asa enorme de hechos en apariencia anárquicos, y la significación es la que suministra este principio: junto a las diversas determinaciones (económicas, históricas, psicológicas) hay que prever ahora una nueva cualidad del hecho: el sentido.

El mundo está lleno de signos, pero estos signos no tienen todos la simplicidad de las letras del alfabeto, de las señales del código vial o de los uniformes militares: son infinitamente más complejos y sutiles. La mayor parte de las veces los tomamos por informaciones “naturales”; se encuentra una ametralladora checoslovaca en manos de un rebelde congoleño: hay aquí una información incuestionable; sin embargo, en la misma medida en que uno no recuerda al mismo tiempo el número de armas estadounidenses que están utilizando los defensores del gobierno, la información se convierte en un segundo signo ostenta una elección política.

Descifrar los signos del mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de los objetos. Comprendemos el francés tan “naturalmente”, que jamás se nos ocurre la idea de que la lengua francesa es un sistema muy complicado y muy poco “natural” de signos y de reglas: de la misma manera es necesaria una sacudida incesante de la observación para adaptarse no al contenido de los mensajes sino a su hechura: dicho brevemente: el semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la “cocina del sentido”.

Esto constituye una empresa inmensa. ¿Por qué? Porque un sentido nunca puede analizarse de manera aislada. Si establezco el jean es el signo de cierto dandismo adolescente, y si llego a multiplicar estas equivalencias para constituir listas de signos como las columnas de un diccionario, no habré descubierto nada nuevo. Los signos están constituidos por diferencias.

Al comienzo del proyecto semiológico se pensó que la tarea principal era, según la fórmula de Saussure, estudiar la vida de los signos en el seno de la vida social, y por consiguiente reconstituir los sistemas semánticos de objetos (vestuario, alimento, imágenes, rituales, protocolos, músicas, etcétera). Esto está por hacer. Pero al avanzar en este proyecto, ya inmenso, la semiología encuentra nuevas tareas: por ejemplo, estudiar esta misteriosa operación mediante la cual un mensaje cualquiera se impregna de un segundo sentido, difuso, en general ideológico, al que se denomina “sentido connotado”: si leo en un diario el titular siguiente: “En Bombay reina una atmósfera de fervor que no excluye ni el lujo ni el triunfalismo”, recibo ciertamente una información literal sobre la atmósfera del Congreso Eucarístico, pero percibo también una frase estereotipo, formada por un sutil balance de negaciones que me remite a una especie de visión equilibrada del mundo; estos fenómenos son constantes; ahora es preciso estudiarlos ampliamente con todos los recursos de la lingüística.

Si las tareas de la semiología crecen incesantemente es porque de hecho nosotros descubrimos cada vez más la importancia y la extensión de la significación en el mundo; la significación se convierte en la manera de pensar del mundo moderno, un poco como el “hecho” constituyó anteriormente la unidad de reflexión de la ciencia positiva.

Le Nouvel Observateur, 10 de diciembre de 1964.

TEMA N°1 - ROLAND BARTHES - JUGUETES

 

JUGUETES - Por Roland Barthes

El adulto ve al niño como otro igual a sí mismo y no hay mejor ejemplo de esto que los juguetes. Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto; todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño, a los ojos del público, sólo fuese un hombre más pequeño, un hombrecito al que se debe proveer de objetos de su tamaño.

Las formas inventadas son muy escasas. En todos los otros casos, el juguete siempre significa algo y ese algo siempre está totalmente socializado, constituido por los mitos o las técnicas de la vida moderna adulta: ejército, radio, correos, medicina (maletines de médico en miniatura, salas de operación para muñecas), escuela, peinado artístico, transportes (trenes, lanchas, motos, estaciones de servicio), ciencia (juguetes de mini laboratorios).

Los juguetes, al prefigurar literalmente el universo de las funciones adultas preparan al niño para que las acepte, en su totalidad; le genera, aun antes de que reflexione, la seguridad de una naturaleza que siempre ha creado soldados, empleados de correos y motos. El juguete entrega el catálogo de todo aquello que no asombra al adulto: la guerra, la burocracia, la fealdad, etc. Por otra parte, el signo de renuncia no es tanto la imitación, sino su literalidad: el juguete es la invitación a participar del mismo mundo, en versión reducida.

Existen, por ejemplo, muñecas que orinan; tienen un esófago, se les da el biberón, mojan sus pañales; dentro de poco, sin duda, la leche se transformará en agua dentro de su vientre. Así, se puede preparar a la niñita para la causalidad doméstica, “condicionarla” para su futuro papel de madre. Sólo que, ante este universo de objetos fieles y complicados, el niño se constituye, apenas, en propietario, en usuario, jamás en creador; no inventa el mundo, lo utiliza. Se le preparan gestos sin aventura, sin asombro y sin alegría. Se hace de él un pequeño propietario sin inquietudes, que ni siquiera tiene que inventar los resortes de la causalidad adulta; se los proporciona totalmente listos: sólo tiene que servirse, jamás tiene que lograr algo. La única excepción son los juegos de construcción. Ellos implican un aprendizaje del mundo muy diferente: el niño no crea objetos significativos, le importa poco que tengan un nombre adulto, no ejerce un uso, sino una creación: crea formas que andan, que dan vueltas, crea una vida, no una propiedad. Los objetos se conducen por sí mismos, ya no son una materia inerte y complicada en el hueco de la mano.

Pero esto es poco frecuente: de ordinario, el juguete es un juguete de imitación, quiere hacer niños usuarios, no niños creadores.

ACTIVIDAD

PARTE A:

1)    El autor afirma qué: “El adulto ve al niño como otro igual a sí mismo y no hay mejor ejemplo de esto que los juguetes. Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto”. Explicar con tus palabras esta idea.

 

2)    El juguete siempre significa algo y ese algo siempre está totalmente socializado, constituido por los mitos o las técnicas de la vida moderna adulta: ejército, radio, correos, medicina.”. ¿Qué significa que el juguete siempre significa algo? ¿Y qué ese significado siempre está “socializado”?.

 

3)    “Sólo que, ante este universo de objetos fieles y complicados, el niño se constituye, apenas, en propietario, en usuario, jamás en creador; no inventa el mundo, lo utiliza”. ¿Qué idea podría establecerse entre “ser usuario” y “utilizar el mundo”, pero no “crearlo”?

 

4)    ¿Por qué los juguetes de construcción serían diferentes para el autor? ¿Qué tendrían de “especial”?.

 

PARTE B:

 

5)    Mirar la siguiente publicidad. A partir de lo leído, ¿Qué consideras que podría haber dicho Roland Barthes acerca de la misma? ¿Cómo se relaciona con la idea de los juguetes como “microcosmos adulto”? ¿En qué medida dichos anuncios están fundados en mitologías socializadas? ¿Cuáles serían esas mitologías que podríamos encontrar en esta publicidad? ¿Por qué dicha publicidad se acerca más al concepto de consumidor como usuario y no como creador?

 




PARTE C:

A - ¿Cuál es el tema del texto?

B - ¿Cuál es la idea principal del autor acerca de esta temática?

TEMA N°12 - TENDENCIAS GENERALES DEL MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA

  La McDonalización por Martín Michel Rojas “Tanto cuanto sea más rápido y menos costoso, es mejor; tanto cuanto me genere menos esfuerzo ...